La política para la juventud actual: ¿no les interesa, no se enganchan o no creen? ¿Quizás las tres cosas?

Luego de realizar una revisión crítica de diversos presupuestos teóricos y analíticos basados en diagnósticos negativos, es posible reflexionar sobre cómo se es joven en la modernidad tardía y además, en cómo se forman sus experiencias vitales inmersas en la dialéctica entre integración y autonomía presidiendo la dinámica social de la actual juventud. 

En medio de todo es posible encontrar evidencias empíricas referentes a las actitudes políticas de los jóvenes, oriundos de España y Europa, las mismas ponen de manifiesto las diferentes relaciones que los distintos grupos de jóvenes han mantenido con el ámbito político y, por extensión, esa compleja vida política juvenil que no les permite continuar manteniendo argumentaciones unidimensionales,  favorables o negativas para ellos mismos. 

La posibilidad que surge ante ello, es que se debe pensar en la juventud actual como escéptica, desenganchada e incrédula, todos en simultáneo. 

La política juvenil y su habitual percepción negativa de la vida

Suele ser una constante que al realizar alguna reflexión sobre los jóvenes y la política todo inicie mencionando la habitual y reiterada visión negativa que se ha desarrollado en la relación que los jóvenes mantienen con ella, al menos eso ha sucedido durante las tres o cuatro últimas décadas, entendiendo a la política en términos generales. 

Esa imagen de un joven pasivo y en su totalidad desinteresado en relación a todo lo que surge en el ámbito político ha adquirido tales dimensiones dentro del discurso social, que es manejada como una de las características de la identidad de la juventud contemporánea. 

Dicha percepción, en oportunidades parece ser unánime entre la opinión pública, aunque también cuenta con su correlato dentro de la investigación académica, donde predominan aquellos análisis relacionados con la desafección y el desinterés político de los jóvenes o referentes a la baja disposición a participar en la vida política de las sociedades democráticas, empleando los canales e instrumentos institucionales que han sido diseñados para tal efecto. 

Pero, si antes de que se acepten como evidentes las conclusiones a las que generalmente se llega, nos cuestionamos los presupuestos que las sostienen y el tipo de análisis que se realizan, un número significativo de estas ideas podrían comenzar a ser puestas en duda.

Con respecto a la sociología de la juventud, sobre todo luego de la popularización de las perspectivas postestructuralistas, esta se ha enfocado durante los últimos años en la pluralización de los caminos que conducen a los jóvenes a una vida adulta y en la diversidad interna que caracteriza a la condición juvenil en la sociedad actual.  

Pero, estas dos características no se encuentran presentes casi en su totalidad en la gran mayoría de explicaciones que se han construido para lograr comprender la vida política de los jóvenes, sus discursos, intereses, comportamientos, entre otros. 

En su mayoría, los jóvenes parecen estar más relacionados con el mundo de la política de una manera uniforme, distante y desconfiada, circunscritos en una madeja de factores estructurales e institucionales que van más allá de su capacidad de decisión. 

O como lo refiere la metáfora del siglo XXI que ha sido tan utilizada para hacer referencia a la juventud y es que el joven navega en un mar de incertidumbre, y va negociando su propio camino entre oportunidades y riesgos, asumiendo de una manera pasiva el universo político de significaciones negativas y pesimistas.