Errores que matan la trayectoria política de alguien

Estos surgen de la falta de proactividad, la ausencia de una estrategia que muestre un firme posicionamiento personal, de la constante queja sin que se presente una acción, de no contar con una buena mentoría, de perder oportunidades atribuyendo la responsabilidad de los fallos a los demás, entre ellos al propio partido, a los compañeros, a la oposición o a los votantes.

Las razones que se tienen para cometer este tipo de errores son diversas, aunque la única clave para lograr una solución es encontrar una forma clave que pueda devolver la capacidad de actuar como un verdadero motor de cambio y con la que se pueda prestar un servicio que esté comprometido y completo para la ciudadanía.

Errores que saldrán muy costosos

No mantener una escucha activa: quedarse en la escucha superficial sin poner en práctica la escucha activa o profunda, eso no permite una sintonía con el público, y sin conexión, no es posible que haya un mensaje.

Pensar que la comunicación solo funciona como oratoria: un político debe saber que una de las acciones que más importa es la comunicación. En oportunidades solo están centrando los esfuerzos en el contenido de lo que se quiere decir, más no han prestado atención al tono, los gestos, la personalidad, el lugar y el contexto donde se dice o, bien, al estado personal que se tiene al momento de que se quiere comunicar algo.

Descuidar el cultivo de la parte orgánica: Si se descuida la estructura del partido, se tira por la borda la importancia colectiva del mismo, sus herramientas de toma de decisiones o los procesos democráticos dentro del mismo.

Dejar a un lado el ámbito personal y familiar: hoy en día afortunadamente, existe una buena conciliación entre la vida laboral y familiar lo cual es esencial, y no solo con la idea de dar el ejemplo, sino para conservar una vida sana y plena. Cuando se desatienden los propios cuidados personales y responsabilidades, son una muestra de carencia en la organización y de hipocresía política.

Falta de ejecución: cuando se da la palabra pero no existen acciones concretas, nada tiene sentido. Prometer y no llegar a cumplir se ve como un pecado capital dentro de la política, pues no es suficiente una oratoria sofisticada, ya que sin acción, no existe una trayectoria política.

Incoherencias: sucede cuando lo que se dice no tiene concordancia con lo que se piensa, cosa que es un craso error. Hay que detenerse a pensar ¿Para que se está en la política? ¿Cuales son las ideas que se quieren propagar y cuáles son los cometidos? Todo debe encontrarse alineado.

No contar con una personalidad definida: Presentar un carácter único y propio, se trata de un aspecto que será altamente valorado en política. Detengámonos a pensar en ¿Cuál es nuestro ideario? ¿Qué ideología se defiende y cómo se hace? Si no es posible encontrar una relación estrecha entre la personalidad y lo que se transmite, se pierde credibilidad ante la audiencia.